Pero está bien que sea así, y no queremos ocultarnos ni ofuscarnos como si tuviésemos que avergonzarnos de ello. Somos dos barcos y cada uno tiene su meta y su rumbo; bien podemos cruzarnos y celebrar juntos una fiesta, como lo hemos hecho - y los valerosos barcos estaban fondeados luego tan tranquilos en un puerto y bajo un sol que parecía como si hubiesen arribado ya a la meta y hubiesen tenido una meta. Pero la fuerza todopoderosa de nuestras tareas nos separó e impulsó luego hacia diferentes mares y regiones del sol, y tal vez nunca más nos veremos - tal vez nos volveremos a ver, pero no nos reconoceremos de muevo: ¡los diferentes mares y soles nos habrán trasformado! Que tengamos que ser extraños uno para el otro, es la ley que está sobre nosotros: ¡por eso mismo hemos de volvernos más dignos de estimación uno al otro! ¡Por eso mismo ha de volverse más sagrado el recuerdo de nuestra anterior amistad! Probablemente existe una enorme e invisible curva y órbita de estrellas, en la que puedan estar contenidos como pequeños tramos nuestros caminos y metas tan diferentes -¡elevémonos hacia ese pensamiento! Pero nuestra vida es demasiado corta y demasiado escaso el poder de nuestra visón, como para que pudiéramos ser algo más que amigos, en el sentido de aquella sublime posibilidad. Y es así como queremos creer en nuestra amistad de estrellas, aun cuando tuviéramos que ser enemigos en la tierra."
F. Nietzsche, La Gaya Ciencia.
Tú y yo deberíamos haber terminado así.
Con todo lo que pasó, me sentía en la obligación de comportarme contigo de esta manera. La situación sabíamos que era complicada, pero al no encontrar otra buena solución, te pareció bien mi planteamiento después de que necesitaras todo el tiempo que quisieras. Mi alegría apareció meses después, pues creí que entendías lo que yo te pedía, y me sorprendió. Estaba dispuesta a todo de nuevo, después de recibir un primer rechazo, lo borré de mi memoria para ofrecerte de nuevo mi confianza, cosa que no supiste apreciar. La amistad que yo te volvía a poner en bandeja, la volvías a tirar por la borda. Mi actitud ha demostrado ante todo paciencia, pero como se suele decir, la paciencia tiene un límite, y tú lo agotaste. Los años pasarán, y tus cosas seguirán estando en mi habitación, con la esperanza vaga de que algún día, pueda recordarlos con agrado como lo he hecho hasta hace nada. Por ahora todo permanecerá cerrado y con tristeza por haber llegado hasta donde nosotros estamos, querido extraño.
Sólo se me ocurre llamarte así.



